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	<title>admin &#8211; Crónicas Nuevejulienses</title>
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		<title>Aquellos comicios de antaño en 9 de  Julio</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Aug 2023 10:26:20 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[En la jornada del domingo, los nuevejulienses, como todos los argentinos, volveremos a participar de los comicios en los cuales se elegirán, en una primera instancia, las autoridades nacionales, provinciales y municipales. Sin dudas, se vuelve a repetir, con la frecuencia establecida por la legislación, el acto cívico más importante de la democracia. Los nuevejulienses [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En la jornada del domingo, los nuevejulienses, como todos los argentinos, volveremos a participar de los comicios en los cuales se elegirán, en una primera instancia, las autoridades nacionales, provinciales y municipales. Sin dudas, se vuelve a repetir, con la frecuencia establecida por la legislación, el acto cívico más importante de la democracia.<br />
Los nuevejulienses nos preparamos para participar de una verdadera fiesta de la democracia. Pero, vale decirlo, no siempre se vivió en 9 de Julio un clima de tranquilidad en los actos eleccionarios. Por el contrario, existieron épocas en que el terror ganabas las calles de la ciudad en los días previos o durante los comicios. Tanto así que, en muchas ocasiones, mujeres y niños evitaban salir a la calle el domingo en que se elegían las autoridades, para evitar ser victima de un tiroteo o verse inmiscuido en una gresca entre rivales políticos, que eran muy frecuente en esas horas.</p>
<p><strong>EL CONTEXTO</strong><br />
Una de las elecciones más “bravas” ocurrida en la historia de 9 de Julio ocurrió en 1886. Tal como lo afirma el historiador nuevejuliense Buenaventura Vita, “cuando se acercaba la fecha en que debía realizarse una de esas elecciones que, en la jerga política se motejaban como ‘bravas’, el vecindario vivía días de temor y sobresalto, por los hechos de sangre que se solían producir, poniendo en peligro a veces la vida de pacíficos y tranquilos vecinos”.<br />
Es menester recordar que, en esa época,  la población urbana y alfabeta, era la mínima parte, siendo esta la única que, en parte, se enteraba de las noticias, por los pocos diarios que llegaban de Buenos Aires (entonces eran raros los suscriptores a la prensa), el resto era población rural. Algunos estancieros sabían leer y escribir, el resto de ellos también eran analfabetos.</p>
<figure id="attachment_57357" aria-describedby="caption-attachment-57357" style="width: 646px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://www.diarioel9dejulio.com.ar/wp-content/uploads/2015/08/elecciones.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-full wp-image-57357" src="http://www.diarioel9dejulio.com.ar/wp-content/uploads/2015/08/elecciones.jpg" alt="El atrio de la Parroquia (Hoy Catedral). La imagen muestra el estado en quedó el lugar luego de las elecciones violentas de 1899" width="646" height="461" /></a><figcaption id="caption-attachment-57357" class="wp-caption-text">El atrio de la Parroquia (Hoy Catedral). La imagen muestra el estado en quedó el lugar luego de las elecciones violentas de 1899</figcaption></figure>
<p>En el sector rural aún formaba parte de la dispersa población el  gaucho, algunos de los cuales eran aún matreros. Todavía el alambrado que, con sus divisiones, nos ha hecho notar más las desigualdades de fortuna, y que ha resultado un medio civilizador, al poner una valla artificial al indómito corcel, cabalgado por el centauro nómade o casi nómade, que quedó como casi señor de esta pampa, una vez extirpado el aborigen, no había aún formado esa red.<br />
El trabajo era aún poco conocido en el campo. La agricultura recién empezaba a ser conocida por una parte de ellos, la carne su alimento principal aún abundaba, pues una vaca o una oveja no representaba nada el sacrificarlo, relativamente era muy poco su valor. Aún había entre esas gentes quienes  nunca habían probado el pan para alimentarse.<br />
Este era el pueblo que aparentaba elegir a las personas que debían actuar en el gobierno, pues no era él el que verdaderamente lo hacía. El noventa por ciento de ellos depositaba la boleta al votar, sin saber quien era el candidato por quien lo hacía, puesto que ni de oído lo conocía. Lo único que sabían era que el estanciero tal, o el caudillo tal, la gente de quien decía pertenecer, lo mandaba votar con esa boleta, y así lo hacía porque el caudillo o estanciero era el Juez o alcalde única autoridad que conocía en sus pagos.<br />
Estos ciudadanos en casi su totalidad, no sabían leer ni escribir y de patria no conocían más que el vocablo, y el sentimiento ardiente y generoso por sus símbolos, la bandera, el escudo y el himno, que los llevaba a dar con placer la vida en su defensa. Para ellos no existía ni buen gobierno ni mal gobierno, ni quienes eran los que formaban el gobierno.<br />
Esa población analfabeta o semianalfabeta, conocían apenas a las autoridades locales,  la del alcalde o teniente alcalde del pago; al sargento y a los soldados de la partida de policía, vulgarmente llamados entonces “policianos”, que eran emblema de autoridad.<br />
Estos agentes de policía eran quienes, asimismo, debían garantizar el desarrollo de los comicios. Vestidos con quepí y chaqueta azul, con una hilera de botones dorados y un cinturón de cuero del que colgaba el largo sable de latón, su sola presencia era símbolo de autoridad (una autoridad que, generalmente, era comprada por el político más influyente del pueblo). Como el sable les llegada casi hasta el talón, cuando iban a pie, el caminar acompasado y el golpe de la punta del latón sobre el piso, generaba un ruido que les daba una especie de aire de solemnidad.</p>
<p><strong>LOS DIAS PREVIOS A LA ELECCION</strong><br />
Desde días antes de la fecha de la elección, el Juez de Paz, se encargaba, cuando había oposición del gobierno, de avisar a los alcaldes y estos a los estancieros amigos de preparar las gentes.<br />
Al atardecer del día, víspera de la elección, ya se veían por los caminos, que aún tenían las huellas bien pronunciadas dentro del tapizado del pasto puna y demás vegetación, las polvaredas que levantaban las gentes que, en grupos más o menos grandes, venían según el paraje de donde eran:  del Fuerte General Paz, del Séptimo, de la Avanzada, del Hinojo, de los Espartillares o de Los Toldos, entre otros. Esas personas llegaban convocadas por los caudillos políticos.<br />
Esa columna humana y de caballos ingresaba al pueblo por las calles principales. Arribaban gauchos que venían montados con caballo de tiro para repuesto. Con estampa gallarda se apreciaba, formando parte del improvisado desfile, el alcalde del paraje o, si eran de la oposición, el estanciero (o el mayordomo) de la estancia o zona a la que pertenecía la gente. Cerrando la columna iba algún carro, carricoche, o volanta, trayendo a los que no podían montar, y a los patrones también.<br />
Durante el camino y a su entrada triunfal al pueblo en el ocaso del día, y en su paseo alrededor de la Plaza General Belgrano, pasando frente a la Casa Municipal, se daban las vivas al Juez de Paz y al alcalde del cuartel al que pertenecían los desfilan- tes, si eran oficialistas. Si eran de la oposición, victoreaban el nombre del caudillo opositor que los traía.<br />
En realidad, en la población que se preciaba de civilizada, tales huéspedes causaba impresión desagradable. Esa noche los comercios cerraban al toque de oración, haciendo lo mismo las familias vecinas, cuidando de cerrar sus zaguanes bien y seguro.</p>
<p><strong>LOS COMITES</strong><br />
Terminado el desfile, eran llevados a los comités  habilitados al efecto. Cabe recordar que, por esos años, a los comités o centros partidarios, se los denominada “corralones”.<br />
En esos “corralones” había pasto para caballos y carne con cuero en el asador. En los fogones preparados para ese objeto, no faltaba la pipa de vino carlón o  las damajuanas de caña rebajada, para tonificar los nervios de los clásicos electores.<br />
En el patio, además de los fogones, se preparaban varias canchas de tabas, diversión en que a veces a más de jugarse las pilchas que traían, también se jugaban las cabalgaduras. Más aún, no faltaba quien después de la elección para regresar a sus pagos debía pedir un préstamo por haberse jugado su dinero a la taba en el comité.<br />
Desde la llegada de los votantes a los comité, ya se instalaban en ellos las mujeres jóvenes, sebadoras de mate amargo y las pasteleras, con sus pasteles, empanadas criollas. En el pueblo, en aquellos años, fue la más popular la paisana Doña Juliana, “La Santiagueña”.<br />
En el interior del galpón o de las piezas que formaban parte del comité, se veían extendidos aperos, recados y las mantas que servirían de improvisada cama para quienes pasarían la noche previa a la elección en ese lugar. Por supuesto, algunos preferían no dormir y pasaban las horas nocturas en una de las canchas de taba, alumbrados por el fuego de los fogones, reaviva dos con ese objeto, de cuando en cuando, o jugando al monte.<br />
Muy a menudo por diferencias de juego, o mal querencia anterior, revividas por el fulgente licor, terminaban con un entrevero  en que los facones hacían algunos tiritos de esgrima. No era extraño que, luego de esa noche, el funebrero o el enterrador deban actuar en su oficio.</p>
<p><strong>EL DIA DE LA ELECCION</strong><br />
Las primeras horas del día de la elección estaban destinadas a preparar la gente  en los comités, donde ya se tenían dispuestas las boletas para el voto. Como éste era público, con el nombre del votante atrás de ella, se copiaba el padrón correspondiente, omitiendo alguna vez los nombres de los reconocidos como opositores.<br />
A las 8 de la mañana, comenzaban los comicios en el atrio de la parroquia (hoy Catedral). Se formaban de tantas mesas dividiendo proporcionalmente el padrón de acuerdo con la ley de la materia, formada cada una de ella por los escrutadores que fijaba la misma. La mesa era compuesta por el presidente respectivo y los vocales. Generalmente, la suerte beneficiaba a la autoridad reinante, pues en el sorteo casi la totalidad de ellos terminaban siendo del color político de la lista oficial.<br />
Abierta la elección a las 9 horas, la primera discusión que se planteaba entre los representantes de las fracciones en lucha y el presidente “del comicio”, era sobre a cual de ellos le correspondía hacer votar al primer grupo, que generalmente se componía de dos o tres votantes por cada mesa que funcionaba. La fracción que conseguía esa ventaja llevaba la delantera de tantos votos como cantidad de votantes formaba el grupo.<br />
Los votantes se acercaban a la elección en grupos de dos, capitaneados siempre por un caudillo o caudillejo de segundo o tercer orden. Hasta que no hubiera votado el turno contrario, que se encontraba en el atrio, no se podían entrar.<br />
No habiendo otra novedad así se desarrollaba la elección hasta las 4 de la tarde, hora en que cerraba el acto eleccionario para efectuar el escrutinio. Aquí se desarrollaba el fraude, pues los responsables del escrutinio hacían figurar muchas veces en las actas, a pesar de las protestas verbales de los fiscales opositores, los resultados que convenían a los mismos.<br />
A menudo durante las elecciones, se sucedían escenas pintorescas. Por ejemplo, el hacer votar a los muertos. Buenaventura Vita, en su libro, recoge el siguiente diálogo, producido en la mesa de votación, en 1886:<br />
Un vecino se acercaba a la mesa de votación. El presidente le preguntó:<br />
&#8211; ¿Cómo se llama usted?, ¿edad?, ¿en qué mesa debe votar.<br />
&#8211; Soy Lisandro Rebollo, 30 años en la 2ª.<br />
Después de examinar el documento que llevaba, el presidente le dice:<br />
&#8211; Usted está equivocado, esta es la boleta de Don Cándido Luciérnaga, que murió la semana pasada.<br />
Consternado, el votante le responde:<br />
&#8211; Yo no sé, a mi me la dio en el corralón Don Nicolás.<br />
Al ver esto el caudillo que lo acompañaba, le dice al presidente de mesa, que era su amigo:<br />
&#8211; No, mi amigo, pero no ve que el votante está mamao. Se ha olvidado cómo se llama.<br />
De esta forma, si faltaban votos oficialistas, a cierta hora, se hacía desfilar varias veces a los mismos votantes, con la identidad de gente que había muerto.</p>
<p><strong>LOS HERIDOS EN LA ELECCION DE 1886</strong></p>
<p>Como se dijo,  al atardecer del día anterior a la elección, hicieron su entrada en el pueblo los diferentes grupos de gentes reclutados en la campaña del Partido, haciéndolo por la avenida Montevideo (hoy Bartolomé Mitre) entre otras, los vecinos  de Pehuajó y cuarteles cercanos, encabezados entre ellos por el alcalde del cuartel 6º, Antonio Azcona. Al llegar a la intersección de Montevideo y Córdoba (hoy calle Robbio) doblaron por ésta, en dirección a la avenida Buenos Aires (hoy San Martín), pasando por frente a la comisaría.<br />
Al llegar a la esquina de las actuales Robbio y San Martín, donde se encontraba el comité opositor, se detuvieron frente al edificio, con porte desafiante, dando gritos y vivas provocantes para los adversarios.<br />
Desde el interior de comité les respondieron. Como consecuencia de ello,  los agresores efectuaron una descarga de tiros de revolver y pistola contra el comité, perforando una puerta, yendo a herir en una pierna al presidente de ese comité, Primitivo Madruga.<br />
Como la policía respondía a la fracción política de los agresores, como primera y única providencia arrestó al herido y demás personas que se encontraban en el interior del comité. A ellos se los acusó de provocadores  y a los agresores se los dejó seguir adelante, en libertad.<br />
Al día siguiente, día del acto electoral seguían presos los principales dirigentes, que se encontraban en el local del comité, en la tarde anterior.</p>
<p><strong>GENTE ARMADA</strong><br />
No fue lo único singular de aquella elección. A primera hora del día en que se llevaban a cabo los comicios, sobre el techo del local de don Francisco Vita que se encontraba en la esquina de Mitre y Libertad (donde hoy se encuentra una heladería) y en la esquina de enfrente, en la confitería de Valerga (donde hoy se encuentra el Banco de la Provincia), se ubicaron grupos de vecinos armados. También, se ubicaron personas con armas de fuego en los techos del edificio ubicado en la esquina de San Martín y Libertad (donde actualmente se encuentra la filial del Banco Credicoop).<br />
Esos tres cantones armados debían asegurar que, a toda costa, en ese acto electoral triunfara el sector político liderado por el caudillo Nicolás L. Robbio, bajo cuyos dominios se encontraba la policía que, un día antes, había arrestado a los líderes de la oposición.<br />
Luego de esa elección tan particular, Robbio, resultará beneficiado con una banca de diputado provincial.</p>
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		<title>El origen del alumbrado público en-9 de Julio &#8211; Podcast</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Jun 2022 08:21:56 +0000</pubDate>
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		<title>Campanas históricas de 9 de Julio &#8211; Podcast</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Jun 2022 03:57:10 +0000</pubDate>
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		<title>La campanita de la zapatería de Luis T. Paladino</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Apr 2022 20:40:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historias de vida]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Héctor José Iaconis. Hace pocos días atrás, en la ciudad de Buenos Aires, donde actualmente reside, Mirta Alfaro de Bustamante, una estimada nuevejuliense, quien durante muchos años se desempeñó como enfermera en el Hospital Zonal de Agudos de esta ciudad, me permitió conocer un pequeño objeto que refiere a una larga historia. Se trata [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Héctor José Iaconis.</p>
<p>Hace pocos días atrás, en la ciudad de Buenos Aires, donde actualmente reside, Mirta Alfaro de Bustamante, una estimada nuevejuliense, quien durante muchos años se desempeñó como enfermera en el Hospital Zonal de Agudos de esta ciudad, me permitió conocer un pequeño objeto que refiere a una larga historia. Se trata de una campanilla, con detalles decorativos cincelados a  mano, que había pertenecido a la antigua Zapatería “La Porteña” de Luis T. Paladino.<br />
En efecto, se trata de la campanita que pendía sobre la puerta de acceso al negocio, ubicado primero en la calle Santa Fe entre San Luis y Tucumán y, más tarde, en Independencia (hoy Hipólito Yrigoyen) y Bartolomé Mitre. Cuando resultaban insospechados algunos dispositivos modernos, tales como el timbre eléctrico con inductor por rozamiento que sonaba al abrirse la puerta o los aún más vigentes dispositivos inalámbricos con sensor electrónico, la campanita anunciaba al mínimo movimiento el ingreso de un cliente.<br />
Mirta, quien la preservó por más de cuatro décadas, la halló olvidada en una caja, junto a otras piezas condenadas a desaparecer,  cuando se vendían los últimos objetos dejados tras el cierre definitivo de la legendaria zapatería.</p>
<figure id="attachment_139470" aria-describedby="caption-attachment-139470" style="width: 1448px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="wp-image-139470 size-full" src="https://www.diarioel9dejulio.com.ar/wp-content/uploads/2022/04/IMG_20220422_212616.jpg" alt="" width="1448" height="1136" /><figcaption id="caption-attachment-139470" class="wp-caption-text">Campanilla que perteneció a la Zapatería «La Porteña», de Luis Paladino.</figcaption></figure>
<p><strong>UN COMERCIO, UNA HISTORIA</strong><br />
Luis T. Paladino había abierto la Zapatería “La Porteña” en 1903, en un espacioso local de la calle Santa Fe, donde instaló el salón de ventas y el taller de calzados. Poco después la mudó a la esquina de Bartolomé Mitre e Hipólito Yrigoyen, donde perduró por años, convirtiéndose en un establecimiento emblemático de la ciudad. ¿Quién, acaso, no conoció en su tiempo la zapatería de Paladino?<br />
Fue, desde luego, un comercio próspero, tanto así que, en la década de 1920, Luis Paladino abrió también una sucursal de su zapatería en Carlos Casares.</p>
<figure id="attachment_139471" aria-describedby="caption-attachment-139471" style="width: 215px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="size-medium wp-image-139471" src="https://www.diarioel9dejulio.com.ar/wp-content/uploads/2022/04/zapateria-paladino-byn-215x300.jpg" alt="" width="215" height="300" /><figcaption id="caption-attachment-139471" class="wp-caption-text">Luis T. Paladino.</figcaption></figure>
<p><strong>LA PUBLICIDAD, UNA CLAVE</strong><br />
Se caracterizó por ser uno de los comerciantes que comprendió tempranamente el valor de la publicidad en la prensa como una inversión, un recurso de marketing. En cuanto periódico circulaba en 9 de Julio allí anunciaba Paladino y, en los suplementos especiales que se editaban en las fechas patrias, no dudaba en solicitar su lugar en las páginas. Sus avisos publicitarios brindaban ofertas y descuentos especiales sobre el nutrido stock de sus productos.<br />
De la variedad de calzado daba cuenta una nota publicada por el periódico “El Gráfico” en 1929, donde se subrayaba que, “desde el rústico botín para trabajadores hasta el más fino y regio zapato para caballeros, señoras, señoritas y niños”, podían hallarse en la Zapatería “La Porteña”.</p>
<figure id="attachment_139472" aria-describedby="caption-attachment-139472" style="width: 295px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-139472" src="https://www.diarioel9dejulio.com.ar/wp-content/uploads/2022/04/zapateria-paladino1-byn-221x300.jpg" alt="" width="295" height="401" /><figcaption id="caption-attachment-139472" class="wp-caption-text">Aviso publicitario de la Zapatería «La Porteña», a poco de ser fundada.</figcaption></figure>
<p><strong>«VIEJO 9 DE JULIO, CIUDAD DE ANTAÑO, ADIOS»</strong><br />
En estos días, merced a la generosidad de Mirta, la antigua cam-panita retornó a 9 de Julio. Pequeño testimonio material de una hermosa historia que habita en el recuerdo y en la memoria de muchos nuevejulien-ses que aún evocan la antigua zapatería.<br />
Vestigio de una época añorada que se fue, un pasado cada vez más lejano, perdido para siempre.  Aunque ha dejado de sonar hace muchos años, su melodía apagada parece despedir ese ayer con nostalgia: &#8211; “Viejo 9 de Julio, ciudad de antaño, adiós”.</p>
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		<title>Elsa Astete. La novia nuevejuliense de Borges</title>
		<link>https://www.cronicasnuevejulienses.com.ar/2022/02/28/elsa-astete-la-novia-nuevejuliense-de-borges/</link>
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		<pubDate>Mon, 28 Feb 2022 12:28:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historias de vida]]></category>
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					<description><![CDATA[* Nacida en 9 de Julio, pertenecía a una familia de buena posición, en la sociedad nuevejulienses de principios del siglo XX. * Su nombre se hizo conocido cuando, en 1967, contrajo matrimonio con el escritor Jorge Luis Borges. * En 9 de Julio aún se conserva la casa donde vivió, hace casi un siglo, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>* Nacida en 9 de Julio, pertenecía a una familia de buena posición, en la sociedad nuevejulienses de principios del siglo XX.</em><br />
<em>* Su nombre se hizo conocido cuando, en 1967, contrajo matrimonio con el escritor Jorge Luis Borges.</em><br />
<em>* En 9 de Julio aún se conserva la casa donde vivió, hace casi un siglo, junto a sus padres.</em></p>
<p>El filósofo Spinoza acuñó una tesis muy conocida y difundida en occidente: “Omnis determinatio est negatio” (toda determinación es negación). Precisamente cada vez que, en un acto vital, se determina un camino, se elige entre una u otra opción, se están negando la posibilidad de otra. En otras palabras, si en la vida se elige tomar uno de dos caminos, la opción por uno quita la posibilidad del otro.<br />
Es también cierto que, como lo afirmaba Franz von Baader, “toda determinación es posición” (“Omnis determinatio est positio”). Cada vez que alguien determina algo, se posiciona en su decisión.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-137353" src="https://www.diarioel9dejulio.com.ar/wp-content/uploads/2022/02/elsa-astete.jpg" alt="" width="700" height="465" /><br />
Jorge Luis Borges y Elsa Astete Millán, su esposa nuevejuliense, su amor de juventud, supieron acerca de opciones, determinaciones y negaciones. Dos espíritus completamente distintos, pertenecientes a dos mundos diametralmente opuestos, fueron unidos cierta vez por el destino y, también el destino se ocupó de separarlos.<br />
Esta no es una semblanza estrictamente biográfica. Más bien se refiere a la vida que unió a Elsa Astete Millán –nacida en esta ciudad- a la del más grandiosos de los escritores argentinos y quizá, el más notable de América Latina.</p>
<p><strong>ELSA Y 9 DE JULIO</strong><br />
Elsa Helena Astete Millán, la primera esposa de Jorge Luis Borges, había nacido en 9 de Julio en 1910.<br />
Pertenecía a una familia de influencia social en la vida, todavía pueblerina, de aquel 9 de Julio de principios del siglo XX. Su padre, el notario Pablo Emilio Astete (nacido en 1869), se habría establecido en este pueblo en el último decenio del siglo XIX. El 19 de febrero de 1898 se lo había nombrado adscrito al Registro de Contratos Públicos Nº 1 de 9 de Julio y, poco después, a comienzos de abril del mismo año, se le había designado escribano titular del mismo.<br />
Vinculado al partido gobernante, en mayo de 1899, se le había otorgado el nombramiento de jefe del Registro Civil de 9 de Julio. En distintas ocasiones había integrado el Consejo Escolar local (1900-1901; 1902-1907; 1912-1917), como consejero y como presidente del cuerpo (1902; 1906-1907), hasta que una intervención federal en la Provincia había echado por tierra las aspiraciones políticas del partido gobernante.<br />
Su madre, María Millán (nacida en 1882), pertenecía a una familia de raigambre social. Hija de Antonio Manuel Millán, uno de los primeros cronistas de 9 de Julio, redactor del periódico “La Reforma” y de “El Municipio” (fundado en 1889, para sostener la candidatura a Gobernador de la Provincia de Julio A. Costa).<br />
El abuelo de Elsa se había destacado no solamente como periodista, también había integrado la comisión de varias instituciones de su tiempo, entre las que se destaca la Sociedad Española y había sido miembro del Consejo Escolar en diferentes ocasiones.<br />
La familia Millán había vivido en la casa solariega de la calle Santa Fe entre Salta y Buenos Aires (hoy avenida San Martín), que aún sobrevive con algunas modificaciones.<br />
Los padres de Elsa se casaron en la Parroquia de Santo Domingo de 9 de Julio el 31 de enero de 1903. Ella guardaba bellos recuerdos de su infancia en 9 de Julio, de hecho, ya casada con Borges, cuando se la entrevista, mencionaba con orgullo su lugar de nacimiento.</p>
<p><strong>EN LA PLATA. EL NOVIAZGO CON BORGES</strong><br />
No se conoce con certeza el motivo que llevó a la madre de Elsa a fijar su domicilio en la ciudad de La Plata. A mediados de 1918, el escribano Astete había fallecido tempranamente, dejando a su esposa, todavía joven, al frente de una familia numerosa. Según el escritor Manuel Mujica Láinez, “eran siete las Astete”.<br />
En La Plata, Elsa vivió en la esquina de Diagonal 8 esquina 4.<br />
Según el historiador Alejandro Vaccaro, “Borges conoció a Elsa en la década de 1920, en realidad conoció a las hermanas Astete; una de ellas se casó con Néstor Ibarra, traductor de Borges al francés”.<br />
“Borges iba a la ciudad de La Plata donde vivían las hermanas Astete y la madre de ellas tenía una pensión donde se alojaban algunos escritores: Pedro Henríquez Ureña entre otros. Ahí Borges trató con Francisco López Merino y también la conoció a Elsa y se enamoró”, comenta el biógrafo borgereano.<br />
En una reportaje realizado a Elsa por Sara Tamayo de Gibelli, para la revista “Femirama”, que conoció a Borges a distancia de Henríquez Ureña, quien la había invitado junto a su hermana a tomar el té, en razón de que había llegado desde Buenos Aires un grupo de jóvenes escritores.<br />
“Uno de esos escritores –recordaba Elsa- era Georgie (Borges), y digo predestina-damente porque yo no quería aceptar esa invitación. Sin duda tenía otro compromiso que no deseaba dejar, compromiso que podría tener cualquier nombre de varón, pero que me interesaba más que ese o esos muchachos cuyas caras y nombres desconocía”<br />
“Recuerdo –proseguía- que llegué de mal humor, casi empujada, y tardé mucho en entrar al escritorio. Yo tenía desde chica (y desgraciadamente creo que la conservo) la mala costumbre de no hablar, de enmudecer totalmente, cuando algo o alguien me disgustaba. En ese momento no eran ellos, a quienes desconocía profundamente, sino el trastocamiento de esa tarde, de esas horas, así que pasé mucho tiempo sin hablar. Casi era un dibujo más en ese sillón en el que me había tirado. Georgie me miraba callado. Luego me confesó que estaba aterrorizado”.<br />
“Yo era una jovencita vistosa en aquella época; él, un buen mozo lleno de bondad y talento. Y pasó esa, y llegaron otras muchas tardes encantadoras. No sé si realmente fuimos novios, pero sin decirnos nada, nosotros lo sentíamos así”, decía.<br />
Elsa, en esa entrevista a “Femirama”, de finales de la década de 1960, cuando aún era esposa de Borges, reconoció que, esa primera relación de noviazgo, «tuvo muchos altibajos, muchas etapas, una de ellas, la última, fue larga”.<br />
En esa época, Borges la visitaba los sábados en La Plata. A veces, ambos viajaban a Buenos Aires y frecuentaban las conocidas confiterías porteñas que existían en la década del ’30: “El Gas”, “La Ideal” y “París”.<br />
Esa relación inicial entre Borges y Elsa no prosperó. Ella conoció a un militar, Ricardo Albarracín, de quien se enamoró y con quien contrajo matrimonio hacia 1937.<br />
En cierta ocasión, la propia Elsa contó cómo Borges se enteró de su casamiento con Albarracín: “A los 15 días de haberme casado, Borges, que no sabía nada, seguía llamando a mi casa. Mamá no sabía que decirle y yo me desentendí del tema. Eso es problema suyo, le dije a mi madre.<br />
Finalmente ella que era correctísima, le dijo: “Mire Borges, discúlpeme, pero me veo en la obligación de decirle algo: no llame más porque Elsita se casó”. La madre contó que en el otro lado de la línea se produjo un silencio y Borges dijo luego, antes de cortar: “Ah, caramba”.<br />
Con su esposo, Elsa vivió en una casona de Tigre y en La Plata, tenían una casa quinta. De esa unión nació un hijo, Ricardo Cesar, con el tiempo miembro del Departamento Cultural de la Embajada en Madrid, fallecido a edad temprana.</p>
<p><strong>LA UNION DE BORGES CON ELSA</strong><br />
Al parecer Borges sentía un amor muy fuerte hacia Elsa. Tanto así que, según unas cartas que recoge María Esther Vázquez en una aplastante biografía del escritor, en 1943 él intentó acercarse a ella nuevamente.<br />
Habían tenido ocasión de verse y Borges le había enviado dos cartas breves pero muy apasionadas. Elsa seguía casada y, por consiguiente, la relación volvió a apagarse.<br />
En 1963 Elsa Astete Millán enviudó. El destino quiso volver a acercarla a Borges y esta vez para convertirse en su esposa.<br />
A través de Alicia Astete Millán, la hermana de Elsa, Borges consiguió reanudar el contacto.<br />
En el año 1966 Borges comenzó a visitar a Elsa en su casa, de arquitectura muy particular, ubicada en la calle 7 entre 516 y 517, en  Ringuelet  (localidad ubicada a 2 kilómetros al noroeste del centro de la ciudad de La Plata). Ella había vuelto a La Plata, donde había decidido quedarse después de la muerte de su esposo. Borges la visitaba los jueves, para almorzar con ella.<br />
En la casa de Ringuelet se conserva el banco de piedra color manteca donde solía sentarse Jorge Luis Borges con Elsa Astete a recordar viejos tiempos.<br />
Una noche en el departamento de Borges, el escritor casi ciego, fue hasta la biblioteca y tomó un libro. Lo llevó delante de Elsa y le mostró una foto que estaba entre las páginas.<br />
“Georgie -le dijo con sorpresa ella- es una foto mía”. Entró justo la madre de Borges y advirtió la situación. Y le dijo a su futura nuera:<br />
-¿Querés que te diga una cosa? Cada noche de su vida, antes de acostarse, “miraba” tu foto.<br />
Elsa se casó con Borges el 21 de septiembre de 1967 en la Iglesia de Nuestra Señora de las Victorias. Los casó monseñor Ernesto Segura, y fue la madre de Borges, Leonor Acevedo, quien actuó de madrina.<br />
Poco antes, el 4 de agosto, Elsa y Borges se habían casado por civil.</p>
<p><strong>EL MATRIMONIO DE BORGES CON ELSA, SEGÚN BIOY</strong><br />
En su voluminoso libro “Borges”, Adolfo Bioy Casares (1914-1999), el gran amigo del escritor, se refiere con palabras poco felices al matrimonio de Elsa:<br />
“Pongo mi destino en manos de una desconocida”, dice Borges.<br />
“No se parece a las que él nos tiene acostumbrados –confía doña Leonor Acevedo a Bioy-. Yo me quedo tranquila: creo que lo va a cuidar. Ya no es joven. Fue linda: ahora, ya la verás&#8230; Pero él no ve. Para él sigue siendo la de antes” (nota del 26 de abril de 1967).<br />
“Vieja, -anota Bioy- de piel grisácea; en actitud de sierva enamorada, postrada de admiración ante el ídolo potencialmente díscolo [&#8230;]; resuelta a rodear al hombre de cuidados domésticos y a persuadirlo de los encantos hogareños; proclive a tomar ofensa y a ofuscarse por celos; desconfiada; querendona, cariñosa y optimista; expresiva y dada al mohín”.</p>
<p><strong>“PARA ESO SE CASO”</strong><br />
Epifanía Uveda de Robledo (Fanny), ama de llaves de Borges, recordaba la noche de bodas: “Se casaron por la Iglesia el día de la primavera y en realidad el clima estaba espléndido. Pero enseguida empezaron los problemas. Por la noche el señor Borges y la señora Elsa, después que se fueron los amigos que habían venido a saludarlos, tuvieron una pequeña discusión. La señora Leonor( madre de Borges),  a toda costa le insistió al señor Borges para que fuera a dormir al Hotel Dorá, con su mujer, y ella también por supuesto, pero él no quiso saber nada”.<br />
“’Para eso se casó’ repetía doña Leonor. Pero él no quiso ir por nada del mundo, pese a la insistencia de la madre. La señora Leonor se vistió y acompañó a Elsa hasta la parada del autobús para que se fuera a su casa en la calle Talcahuano. Entonces esa noche la acomodé la cama y se acostó a dormir como siempre. A la mañana siguiente cuando lo desperté le pregunté, con un poco de picardía, cómo le había ido la noche de bodas. Me miró, se sonrió y me dijo: ‘Soñé toda la noche que iba colgado a un tranvía. Fíjese el sueño raro que tuve’, narra Fanny.</p>
<p><strong>UNA COMPLEJA RELACION</strong><br />
Luego de su casamiento, Borges se mudó a vivir con Elsa en el departamento del octavo piso de la Avenida Belgrano Nº 1377 entre San José y Santiago del Estero.<br />
En su entrevista con “Femirama”, Elsa, recordaba la llegada a ese departamento por primera vez, después de haber regresado de un viaje a los Estados Unidos: «cuando entramos en esa soñada y blanca y despoblada casa de la calle Belgrano, toda falta de muebles y llena de futuro, y nuestro, al fin estable hogar”.<br />
En los años de matrimonio con Elsa Astete, Borges prosiguió su notable derrotero. Invitado por la Fundación Charles Eliot Norton, viaja a Estados Unidos para dictar un curso de poesía en la Universidad de Harvard. Da conferencias en otras universidades y lee sus poemas en varios centros culturales. En colaboración con Ester Zemboraín de Torres publica Introducción a la literatura norteamericana. Aparece, además, Para las seis cuerdas (serie de milongas al estilo popular). La revista hispánica Norte (Universidad de Leyden, Amsterdam) le dedica un número especial.<br />
Asimismo, es designado en Boston Miembro Honorario Extranjero de la Academia de Artes y Ciencias de los Estados Unidos. El Embajador de Italia le entrega las insignias de la Orden del Mérito de la República Italiana y el grado de Gran Oficial. Asiste en Chile al Congreso de Intelectuales Antirracistas. Viaja a Europa y da conferencias en la Universidad de Jerusalén.</p>
<p><strong>EL MATRIMONIO DE BORGES CON ELSA, SEGÚN ELSA</strong><br />
En la entrevista que Elsa mantuvo con “Femirama”, cuando aún estaba casada con el autor de “Los conjurados”, afirmaba: “La vida de Georgie, con sus compromisos, satisfacciones y problemas, no repercute en nuestra casa, sólo se vive, pero sin repercusiones”.<br />
“Borges –decía Elsa-, el escritor, el prisionero de su laberinto, queda en la puerta de calle, junto al ascensor, cuando el otro Borges, mi marido, entra en la casa, con hambre y cansado, a veces reservado, a veces contento pero nunca enojado, y yo aguardo y recibo a ese Borges niño, que deja al llegar su bastón y su boina, tantas veces perdida, en una silla cualquiera, en la que luego descansa las calles mil veces recorridas y siempre renovadas. Ese Borges sencillo y género de perplejidades ante lo cotidiano, ante lo complejo de un hecho simple; el regresar siempre a esta mujer desconocida que le designó la vida y que ahora vive junto a él todos sus momentos. A Borges el escritor, búsquelo usted en la biblioteca de la calle México; aquí en nuestra casa, nunca o difícilmente podrá encontrar, salvo cuando trabajamos juntos, traduciendo a Whitman”.<br />
En una entrevista publicada en 1993, Elsa admitió que no fue feliz junto a Borges: «Era introvertido, callado y poco cariñoso. Era etéreo, impredecible. No vivía en un mundo real».<br />
«Yo lo despertaba a las 8 de la mañana. Ya estaba el baño preparado. Se bañaba durante una hora; después salía con olor a jabón, ¡qué rico! Se vestía. Tomaba su café con leche con pan y manteca, y se iba a la Biblioteca. Volvía a la 1. Almorzábamos. Se iba a dormir hasta las 4 y media. Tomaba un café con leche, no le gustaba el té, y se iba a la Biblioteca otra vez. Llegaba a las 8 de la noche. A esa hora, casi todos los días, íbamos a lo de Bioy Casares a cenar. Cuando volvíamos, Georgie se ponía su pijamita, y nos íbamos al living a leer hasta las 2 ó 2 y media de la madrugada», rememoraba.</p>
<p><strong>“¿Y QUIEN ES ELSA?”</strong><br />
Según Alberto Manguel, para separarse de Elsa, “el 7 de julio de 1970 el traductor norteamericano de Borges, Norman Thomas Di Giovanni, lo recogió en un taxi en la Biblioteca Nacional (donde Borges tenía su despacho) y secretamente lo acompañó hasta el aeropuerto, en donde tomó un avión hasta Córdoba”. Luego, “Di Giovanni, un abogado y tres hombres de una empresa de mudanzas tocaron el timbre del apartamento de Elsa con una orden legal de llevarse los libros de Borges”.<br />
Considera el historiador Jorge Camarasa que “la historia de Jorge Luis Borges y Elsa Astete Millán es todavía uno de los capítulos más desconocidos en la vida del escritor”.<br />
Unos meses más tarde, mientras paseaba por Florida con su sobrino Miguel, Elsa Astete Millán se cruzó con el escritor y lo saludó. «¿Quién es?», preguntó Borges, definitivamente ciego. «Es Elsa, tío», respondió Miguel.<br />
Y Borges volvió a preguntar: «¿Y quién es Elsa?»</p>
<p><strong>PALABRAS FINALES</strong><br />
Después de la separación con Borges la vida de Elsa entró en el anonimato. Según Fanny Ubeda de Robledo, que la había visitado, Elsa había alcanzando a pasar los noventa años de edad y habría vivido sus últimos días en un hogar de abuelos.<br />
Elsa falleció el 21 de octubre de 2001.</p>
<p><strong>Bibliografía y fuentes de información consultadas:</strong></p>
<p>&#8211; <em>Crónica Vecinal de Nueve de Julio</em>, por Buenaventura N. Vita.<br />
&#8211; <em>Album conmemorativo del 75º aniversario de la fundación de 9 de Julio</em> (“El Orden”, 1938).<br />
&#8211; <em>Crónicas Malditas desde un México desolado</em>, por Olga Wornat (editorial Grijalbo, 2005).<br />
&#8211; <em>Borges</em>, por Adolfo Bioy Casares (editorial Destino, 2006).<br />
&#8211; <em>Borges. Esplendor y derrota</em>, por María Esther Vázquez (Tusquets Editores, 1996).<br />
&#8211; <em>En bosque del espejo. Ensayos sobre las palabra y el mundo</em>, por Alberto Manguel (editorial Norma, 2001).<br />
&#8211; Fundación Internacional “Jorge Luis Borges”.<br />
&#8211; Diario “El Día”, Revista del Domingo, 16 de junio de 2010.<br />
&#8211; “Jorge Luis Borges. Sus amores”, publicado por el Grupo Ecuatoriano de Grupo de creación Literaria LA.KBZUHELA (http://lakbzuhela.blogspot.com/2009/01/jorge-luis-borges-sus-amores-estela.html).<br />
&#8211; “Esa extraña mujer de Borges”, por Jorge Camarasa, artículo publicado en Diario “La Voz del Interior”, Córdoba, Domingo 30 de diciembre de 2007 (Suplemento “Temas”).<br />
&#8211;  “Los tres Borges de Elsa Borges”, por Sara Tamallo de Gibelli, publicado en la Revista “Femirama”.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Gregorio González. Raíces nuevejulienses de un pastor ejemplar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 31 Oct 2021 19:51:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historias de vida]]></category>
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					<description><![CDATA[* En Junín desarrolló una obra notable, fundó centros misioneros, una capilla y dos parroquias. * Fue fundador del Colegio “Padre Respuela” y del barrio que hoy lleva si nombre en Junín. * Representante legal del Instituto Superior del Profesorado de Junín, se desempeñó también como director del Diario “La Verdad”. * Educador, misionero y [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>* En Junín desarrolló una obra notable, fundó centros misioneros, una capilla y dos parroquias.</em><br />
<em>* Fue fundador del Colegio “Padre Respuela” y del barrio que hoy lleva si nombre en Junín.</em><br />
<em>* Representante legal del Instituto Superior del Profesorado de Junín, se desempeñó también como director del Diario “La Verdad”.</em><br />
<em>* Educador, misionero y artífice del progreso de esa comunidad, fue un sacerdote ejemplar.</em></p>
<p>Al iniciar este artículo, sabemos que resulta una tarea difícil sintetizar en una nota periodística la trayectoria del padre Gregorio Luis González, sacerdote nuevejuliense, que realizó una obra memorable en la ciudad de Junín, donde desarrolló su ministerio por espacio de treinta y siete años. Su vida merece, ciertamente, la profundidad de un estudio biográfico que recoja los testimonios de muchas personas que han amado de manera especial a su pastor, al guía espiritual, al notable misionero, el evangelizador y educador; al hombre sencillo que sabía comprenderlos, alentarlos en los momentos difíciles, brindándolos el consuelo e incentivándolos a vivir la alegría esperanza en Cristo.<br />
El padre Gregorio Luis González fue un hombre de Dios, en todo lo intenso que esta expresión significa.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-large wp-image-132413" src="https://www.diarioel9dejulio.com.ar/wp-content/uploads/2021/10/gonzalez-gregorio-1024x796.jpg" alt="" width="696" height="541" /><br />
Había nacido en la localidad de El Tejar, Partido de 9 de Julio, el 28 de agosto de 1928. El día de su nacimiento parece, en efecto, indicar una predestinación a la vocación, pues coincide con la festividad de San Agustín, el gran pastor de Hipona. Sus padres fueron don Avelino González, un ser excepcionalmente dotado por la virtud y la grandeza de alma, y María Molinari.<br />
Gregorio fue el segundo de ocho hermanos: Erilda E., Alejandro, Delia E., Raúl A. (“Lito”), María Rosa (“Tita”), Nilda A. y Jorge Omar.<br />
Siendo niño su familia se estableció en 9 de Julio, en la histórica casa de la calle Urquiza, que había pertenecido a Eduardo Moledo, otra figura paradigmática en la historia nuevejuliense. Sus estudios primarios los cursó en esta ciudad, frecuentando la escuela del maestro Elías Cabrerizo.</p>
<p><strong>EL NACIMIENTO DE UNA VOCACION</strong><br />
En la infancia, cuando se disponía de iniciar la etapa de la adolescencia, Gregorio Luis González sintió el llamado vocacional al sacerdocio, el cual se fue consolidando con el transcurrir de los años. Por entonces, 9 de Julio pertenecía a la Diócesis de Mercedes, por lo cual debió marchar hacia esa ciudad para ingresar al Seminario Conciliar “Pío XII” que, poco tiempo antes, había fundado el obispo diocesano, monseñor Anunciado Serafini.<br />
Culminando su formación académica, recibió el Orden del Presbiterado, por ministerio de monseñor Anunciado Serafini, el 6 de diciembre de 1953, en la Catedral de Mercedes. Su padrino de ordenación fue el padre Domingo Güida; el orador sagrado, su amigo Antonio Quarracino; oficiando como padrinos de Misa, sus padres y como padrinos de honor, sus hermanos, Juan Lettieri, Heriberto J. Pastori, Susana S. de Amato y Enriqueta B. de Pironio (madre del Cardenal Eduardo Pironio).<br />
Su primera misa la ofició en la entonces Parroquia de Santo Domingo de Guzmán, en 9 de Julio, el 8 de diciembre, mientras que la segunda la celebró en la capilla del Colegio Jesús Sacramentado.<br />
A poco de ser ordenado, fue enviado a la Parroquia de Nuestra Señora del Pilar en Los Toldos. Allí, aquella comunidad, conoció los primeros trabajos apostólicos del padre Gregorio González.<br />
Por ese entonces, solía viajar a 9 de Julio para visitar a sus padres en una moto Gilera, en la cual se lo vio no pocas veces.</p>
<p><strong>LA LLEGADA A JUNIN </strong><br />
En enero de 1957, su obispo lo trasladó transitoriamente a la ciudad de Junín, por espacio de un año. Monseñor Serafini era un agudo y sagaz observador, llevaba ya diecisiete años al frente de la diócesis de Mercedes y conocía recientemente su clero. En seguida reconoció las cualidades sacerdotales del padre González y, como faltaban pocos días para la erección canónica de la Diócesis de 9 de Julio, quizo enviarlo a Junín, para preservarlo dentro de la jurisdicción eclesiástica mercedita.<br />
En Junín, en realidad, habría de permanecer por muchísimos años más hasta su fallecimiento. Allí llegó con la designación de vicario cooperador de la parroquia San Ignacio de Loyola, iglesia matriz de la ciudad, de la cual fue más tarde cura párroco.</p>
<p><strong>LA GRAN OBRA</strong><br />
A principios de la década de 1960, fundó la capilla Nuestra Señora de Luján, dotándola de un dispensario médico para personas sin recursos y, posteriormente, la capilla San Francisco de Asís (elevada a la jerarquía de parroquia en 1991), concibiendo cada una de ellas como verdaderos centros misioneros. Estas obras, en realidad, constituían el comienzo de una grandiosa tarea que la comunidad de Junín supo valorar en toda su magnitud: la construcción de otra nueva parroquia, un colegio y un barrio.<br />
En los años iniciales de la década de 1960, el sector delimitado por las actuales arterias, avenida Padre Respuela, Benito de Miguel, Ruta Nacional 7 y la avenida de Circunvalación, de la ciudad de Junín, estaba prácticamente deshabitado, con gran cantidad de lotes de terrenos baldíos. En ese lugar, el padre Gregorio González concibió la idea de crear un barrio. Su esfuerzo denodado hizo posible la adquisición de los terrenos y la construcción de gran cantidad de viviendas y la unidad sanitaria.<br />
En noviembre de 1961 adquirió los primeros lotes para la edificación de una nueva parroquia, que puso bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen y, al mismo tiempo, dispuso los terrenos necesarios para opción de un establecimiento educativo.<br />
En 1963, fundó el Colegio “Padre Respuela”, que comenzó con el nivel primario, para luego anexar el nivel inicial y, más tarde, hacia 1982, el nivel secundario.<br />
En efecto, la primera gran empresa comunitaria del padre “Goyo” fue el colegio, la parroquia con su casa parroquial y demás dependencias, para continuar luego con la urbanización del barrio y la construcción de las viviendas.<br />
Fueron memorables las “kermeses” organizada para recaudar fondos. Allí, los padres del colegio atendían los distintos entretenimientos y hasta el vecino más humilde donaba la lata de abejas o el osito de felpa que había ganado en la lotería o al tiro al blanco en las mismas “kermeses”.<br />
En 1984, a raíz de una afección cardíaca debió permanecer un tiempo en 9 de Julio, junto a su madre y hermanos; pero, ni bien recuperado, regresó a su obra en Junín. Para entonces había fallecido el padre Tieri, su amigo, quien le donó como herencia un automóvil y otros recursos para continuar con su emprendimiento social.<br />
“Llegó como adelantado a este barrio incipiente y fue soñando al calor de los ideales, de la fe, para ir plasmando este monumental colegio por el que entregó gran parte de su vida», afirmó en cierta ocasión el Arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Emilio Ogñenovich.<br />
La obra fue creciendo al impulso de este hombre bueno, en cuyo accionar se comprendía la personalidad de un sacerdote que estuvo siempre en una actitud de servicio, prefiriendo estar siempre rodeado por los niños, los jóvenes, los adultos y los ancianos de la comunidad, sin restricciones, con el corazón siempre abierto.<br />
En la actualidad el barrio que fundó el padre Gregorio González está conformado por 66 manzanas con un notable crecimiento urbanístico e inmobiliario, lo que influye en la edad de los residentes: los vecinos cuentan que muchas familias jóvenes, encabezadas principalmente por profesionales, se radicaron en esa zona aprovechando uno de los últimos sectores cercanos al centro con disponibilidad de viviendas.</p>
<p><strong>PALABRAS FINALES</strong><br />
El padre González falleció el 19 de julio 1994 en la ciudad de Buenos Aires, en el CEMIC, donde había sido internado debido a una dolencia que lo aquejaba desde hacía tiempo.<br />
El padre Gregorio González recibió, en vida, muchos homenajes. La comunidad supo reconocer los méritos de su obra.<br />
En 1988, por citar algunos, la Editorial Semanario lo homenajeó como Personalidad destacada de Junin. Lo propio hicieron el Rotary Club y el Club de Leones de esa misma ciudad.<br />
Asimismo, en 1991 el Instituto de Cultura Hispánica de Junín también lo homenajeó por su obra.<br />
El 19 de julio de 1995, con motivo de cumplirse el primer aniversario del fallecimiento del padre Gregorio, le fue impuesto su nombre a una plaza ubicada en la avenida Padre Respuela y Formosa, de acuerdo con una ordenanza del Concejo Deliberante de Junín del año anterior.<br />
En julio de 1999, el barrio que hasta entonces se llamaba “Nuestra Señora del Carmen”, por disposición de las autoridades municipales y el requerimiento de los vecinos, comenzó a denominarse “Padre Gregorio González”.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Natalio J. Cháneton. Médico y dirigente político en 9 de Julio</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 24 Oct 2021 20:10:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historias de vida]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Héctor José Iaconis. Si alguna vez se desea escribir la historia de la antigua “Asistencia Pública” de 9 de Julio, aquella repartición que hacía las veces de sala de primeros auxilios en el centro de la ciudad, se hallarán desfavorables noticias del rol que esta cumplió durante el primer Peronismo. Con la influencia perniciosa [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="size-thumbnail wp-image-111423 alignleft" src="https://www.diarioel9dejulio.com.ar/wp-content/uploads/2020/07/HECTOR-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" />Por Héctor José Iaconis.<br />
Si alguna vez se desea escribir la historia de la antigua “Asistencia Pública” de 9 de Julio, aquella repartición que hacía las veces de sala de primeros auxilios en el centro de la ciudad, se hallarán desfavorables noticias del rol que esta cumplió durante el primer Peronismo. Con la influencia perniciosa de la politiquería partidaria, entre otras tantas acciones, no dudó el encargado de esos años, enfermero de insípida formación, en negar los cuidados y la atención a aquellos pacientes que no habían accedido a afiliarse al partido gobernante.<br />
En las antípodas de aquel siniestro personaje, se halló un médico que, aunque perteneciendo también a un partido político, con activa militancia, fue el principal propulsor para la instalación de aquel servicio de salud público. Desde ese lugar, tal como lo había hecho antes en Facundo Quiroga, desplegó su labor como responsable en la atención de las personas de menores recursos que no podían acceder a la medicina privada.<br />
Exhortó a los intendentes de turno, correligionarios suyos, para dar impulso a la construcción de aquella sala sanitaria y la adquisición de la ambulancia, anhelos que vio concretados en 1921.<br />
El doctor Natalio J. Cháneton, cuya carrera vital deseamos traer a nuestra página, fue también legislador e intendente municipal de 9 de Julio.<br />
Había nacido en Salto, provincia de Buenos Aires, el 13 de abril de 1884, en el hogar formado por Facundo Cháneton, oriundo de Mercedes y María Nuñez. Bautizado el 22 de junio del mismo año, le fue dado el nombre de Natalio, como su abuelo (1).<br />
Sus padres se habían casado en septiembre de 1881, también en Salto; aunque, cabe señalarlo, los Cháneton pertenecían originalmente a la provincia de Córdoba (2).<br />
La familia la componían varios hermanos, entre quienes se encontraba el prestigioso historiador Abel Cháneton, brillante biógrafo de Vélez Sársfield, a quien su entrañable amigo Enrique Santos Discépolo recuerda en el tango «Cafetín de Buenos Aires»: «Me diste en oro un puñado de amigos [&#8230;] el flaco Abel, que se nos fue pero aún me guía».<br />
Junto a sus padres, Natalio, se radicó siendo niño en la ciudad de Buenos Aires, en el barrio de La Boca, cerca del Riachuelo. Allí su padre estaba empleado en el Banco de la Provincia de Entre Ríos.</p>
<figure id="attachment_132083" aria-describedby="caption-attachment-132083" style="width: 666px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-132083 size-full" src="https://www.diarioel9dejulio.com.ar/wp-content/uploads/2021/10/FotoJet.jpg" alt="" width="666" height="797" /><figcaption id="caption-attachment-132083" class="wp-caption-text">Doctor Natalio Justiniano Cháneton.</figcaption></figure>
<p><strong>AÑOS JUVENILES</strong><br />
Si bien no tenemos referencias acerca de la infancia y adolescencia de quien no ocupa, sabemos que en 1902 fue nombrado maestro de instrucción primaria a bordo del acorazado “Almirante Brown”. Poco más tarde, entre 1905 y 1908 se desempeñó como docente en escuelas de la ciudad de Buenos Aires (3), posiblemente mientras iniciaba sus estudios en Medicina, con el objetivo de contribuir al sostenimiento de su carrera universitaria.</p>
<p><strong>DOCTOR EN MEDICINA</strong><br />
En la Universidad de Buenos Aires se formó como médico. Entre 1908 y 1911 fue practicante ad-honorem en el Hospital Rawson, para pasar a ser, en 1912, practicante mayor (4).<br />
En 1913 presentó su tesis para optar al título de doctor en medicina. La misma versó sobre “Entomatoplastias” y fue publicada el mismo año por la revista “La Semana Médica” en un volumen de 86 páginas (5). Un ejemplar de esta obra se preserva hoy en la Biblioteca Central «Juan José Montes de Oca» de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (signatura 1122 T). Su director de tesis fue el doctor Juan José Viton (1878 &#8211; 1961), meritorio catedrático.<br />
Era un flamante graduado cuando, en 1913, fue nombrado médico municipal en la localidad de Facundo Quiroga, en el Partido de 9 de Julio. Aquí formó primero su hogar para radicarse más tarde en la ciudad cabecera, donde instaló su consultorio médico. Había contraído matrimonio con María Elena Sanz, hija del hacendado Hermenegildo Sanz y, por este vínculo, también era cuñado del escribano Luis F. Catalá (quien estaba casado con Isolina Sanz), notario que igualmente ejerció en 9 de Julio.</p>
<figure id="attachment_132087" aria-describedby="caption-attachment-132087" style="width: 231px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-132087" src="https://www.diarioel9dejulio.com.ar/wp-content/uploads/2021/10/FotoJet-2-231x300.jpg" alt="" width="231" height="300" /><figcaption id="caption-attachment-132087" class="wp-caption-text">Juan José Viton, su director de tesis. En la Facultad de Medicina fue profesor titular de Patología; suplente de Clínica Médica y Profesor Honorario a partir de 1945.</figcaption></figure>
<figure id="attachment_132085" aria-describedby="caption-attachment-132085" style="width: 961px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-132085" src="https://www.diarioel9dejulio.com.ar/wp-content/uploads/2021/10/banquete-1.jpg" alt="" width="961" height="513" /><figcaption id="caption-attachment-132085" class="wp-caption-text">Banquete que le fuera obsequiado, en 1913, en ocasión de graduarse como médico, por sus colegas del Hospital Rawson. Fotografía publicada por la Revista &#8220;Caras y Caretas&#8221;.</figcaption></figure>
<p><strong>LEGISLADOR E INTENDENTE DE 9 DE JULIO</strong><br />
Dirigente de la Unión Cívica Radical, se había vinculado a este Partido a nivel local, a partir de los años decisivos de 1917/1918, cuando el partido comenzaría a tener predominio en la comuna de 9 de Julio tras los años de la gestión municipal del Partido Conservador. En los comicios legislativos del 30 de marzo de 1919 fue elegido para ocupar una banca en la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires.<br />
Al inaugurarse, el 9 de julio de 1921, la Sala de Primeros Auxilios de 9 de Julio fue puesto al frente de la misma y del consultorio médico gratuito que funcionaba junto a aquella<br />
En las elecciones del 27 de noviembre de 1921 fue elegido concejal municipal, lo que le abrió el camino para el acceso al Ejecutivo municipal. En efecto, en la sesión del 5 de diciembre de ese año, fue elegido intendente municipal del Partido de 9 de Julio.<br />
La prensa adepta al radicalismo recibió con beneplácito la elección de Cháneton, acerca de quien se esperaba que encamine con “mano férrea” la gestión municipal (6). Sin embargo, los deseos de sus correligionarios no se vieron materializados, pues, si bien asumió en enero de 1922 (7) presentó su renuncia en agosto del mismo año.<br />
En marzo de 1922 había trasladado su consultorio médico particular a un inmueble de la avenida 25 de Mayo que antes había ocupado el consultorio del Doctor Martín Puyade. Pero su estadía en la ciudad, en los meses siguientes, fue breve.</p>
<p><strong>EN BUENOS AIRES</strong><br />
La renuncia al cargo de intendente municipal de 9 de Julio fue motivada por su deseo de establecerse nuevamente en la ciudad de Buenos Aires. Para ello, obtuvo el puesto de Oficial Mayor de la Cámara de Diputados de la Nación y retornó como médico del Hospital Rawson.</p>
<p><strong>PALABRAS FINALES</strong><br />
El Doctor Natalio Cháneton falleció en Buenos Aires en 1928. Tras su muerte, la Municipalidad de 9 de Julio le rindió un homenaje, por sus servicios prestados como médico y funcionario (8).<br />
Se le reconocieron sus virtudes como médico y su preocupación por la asistencia de los humildes, en su carácter de mentor y primer director de la Sala de Primeros Auxilios municipal, llamada después con el nombre de “Asistencia Pública”.</p>
<figure id="attachment_132088" aria-describedby="caption-attachment-132088" style="width: 349px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-132088" src="https://www.diarioel9dejulio.com.ar/wp-content/uploads/2021/10/FotoJet-1.jpg" alt="" width="349" height="392" /><figcaption id="caption-attachment-132088" class="wp-caption-text">Abel Cháneton, uno de sus hermanos. Fue historiador y jurisconsulto de prestigio. Su nombre se encuentra inmortalizado en el tango &#8220;Cafetín de Buenos Aires&#8221;, que escribió su amigo, Enrique Santos Discépolo:<br />&#8220;Me diste en oro un puñado de amigos,<br />que son los mismos que alientan mis horas,<br />José, el de la quimera;<br />Marcial, que aún cree y espera;<br />y <strong>el flaco Abel, que se nos fue</strong><br /><strong>pero aún me guía</strong>&#8220;.</figcaption></figure>
<p><strong>NOTAS</strong><br />
(1) Archivo de la Parroquia de la Conversión de San Pablo, Salto, Libro de Bautismos n° 29, acta n° 886 (Fuente digital: Family Search &#8211; Sociedad Genealógica de Utah).<br />
(2) Ibidem, Libro de Matrimonios n° 14, folio 73.<br />
(3) Archivo de la Cámara de Diputados de la Nación, expediente 828-d-1959, folio 3.<br />
(4) Ibidem.<br />
(5) Cfr. JOSE M. DE BUSTAMANTE Y URRUTIA, C<em>atálogos de la Biblioteca «América». II. Catálogo Alfabético de Autores de Folletos</em>, La Coruña, Patronato Universitario Compostelano &#8211; Litografía e Imprenta Roel, 1929, pág. 99.<br />
(6) “El Orden”, año II, n° 58, 9 de Julio, 13 de diciembre de 1921, pág, 1 (copia fotográfica digital en poder el autor).<br />
(7) Archivo de la Secretaria Legal y Técnica de la Municipalidad de 9 de Julio, Libro de Decretos y Resoluciones n° 2, folio 117s (consultado por el autor en 1996, se indica la signatura correspondiente a esa fecha).<br />
(8) Ibidem, Libro de Decretos y Resoluciones n° 3, folio 191.</p>
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		<title>“La Protegida del 9 de Julio”. Una empresa de transporte y servicio postal</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 17 Oct 2021 20:36:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historias de vida]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Héctor José Iaconis. En 1874 comenzó a funcionar en 9 de Julio una empresa de mensajería, transporte de pasajeros que, más tarde, añadió también servicio portal para la Dirección de Correos. Se trataba de “La Protegida del 9 de Julio”, que pertenecía a los hermanos Eladio, Eustaquio y Francisco Diaz. Si bien no fue [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft wp-image-111423 size-thumbnail" src="https://www.diarioel9dejulio.com.ar/wp-content/uploads/2020/07/HECTOR-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" />Por Héctor José Iaconis.<br />
En 1874 comenzó a funcionar en 9 de Julio una empresa de mensajería, transporte de pasajeros que, más tarde, añadió también servicio portal para la Dirección de Correos. Se trataba de “La Protegida del 9 de Julio”, que pertenecía a los hermanos Eladio, Eustaquio y Francisco Diaz.<br />
Si bien no fue la primera en su tipo en esta zona de la provincia de Buenos Aires, estuvo entre las más renombradas y, por algunos lustros, brindó su importante servicio de diligencia a los vecinos del pueblo, uniendo primero Chivilcoy con 9 de Julio, para favorecer la conexión con la punta de riel del Ferrocarril del Oeste. Al mismo tiempo, el recorrido incluía el pueblo de Bragado y concluida en el Fuerte “General Paz”.<br />
Pocos años después, hacia 1877, “La Protegida” incluyó una línea a Bolívar, para lo cual, Eladio, fijó transitoriamente allí su domicilio.<br />
Vinculados tempranamente a la sociedad nuevejuliense, los hermanos Díaz integraron las primeras instituciones surgidas a la luz de la vida civil de 9 de Julio, tales como la Sociedad Filarmónica, la Sociedad Española de Socorros Mutuos y la Logia Masónica. Los tres conformaron su hogar en 9 de Julio y Eladio, que ocupó el cargo de concejal municipal falleció aquí el 17 de junio de 1892.<br />
Si bien la empresa fue primero propiedad de los tres hermanos, con el tiempo quedará al frente de la misma, Eustaquio.</p>
<p><strong>EL RECORRIDO</strong><br />
Buenventura Vita, primer historiador de 9 de Julio, citando una publicación del periódico “La Defensa” del 28 de agosto de 1887, nos ofrece interesantes datos acerca del recorrido que comprendía este servicio de transporte.<br />
“Esta mensajería –refiere- hacía el viaje hasta Bolivar en dos días y en el trayecto tocaba los siguientes parajes: Casa de negocio de Medina, Spraggon Santa Elena, Galup San Dionisio, José Somariba, Ramón Nabeiro, Casa de Negocio, Don Tomás Drysdale, Don Juan Drysdale, Don Manuel Trejo, Don Manuel Groba, Casa de negocio y Pehuajó, Ribero, Casa de negocio ‘La Candelaria’, Alfredo Bonet, Dr. Morel, Rodolfo Funge, Enrique Barco, Las Tunas, Sucesión de Gonzalez, Casa de negocio, Manuel Santos, La Criada, Aspa Tordilla y Trenque Lauquen. De ahí a Bolivar tocaba Casteín y Gallegos, Miguel Layana, Antonio Rodoni, Leopoldo Bamal, Salinas Hermanos, Casa de negocio de Diego Gainor, Guillermo Mac Gregor, Francisco Corbalan, Casa de negocio, José Cutero, N. Peralta, Cosme Romero, Places y Gorches, cas de negocio, N. Villamayor y Bolivar”.<br />
“En combinación –añade Vita- con la mensajería de los Señores Díaz, había una línea de galeras que hacían el servicio a Lincoln y Lavalle, tocando los establecimientos de José Marquez (pulpería), La Vanguardia, La Primera, La Esmeralda, Juan Pedro, Pulpería ‘La Reina’, Del Moro, San Martín y Lincoln, pasando por Lavalle” (1).<br />
En 1881, “La Protegida del 9 de Julio”, pertenecía a la firma <em>Eustaquio Díaz y Cia</em>. Contaba con siete vehículos ocupados (cinco volantas y galeras, dos carros) y un total de ciento cincuenta caballos (cien en trabajo y cincuenta en invernada). El personal lo integraban catorce personas, entre quienes había once cocheros y peones, dos mayorales y un capaz.<br />
Para entonces, el recorrido contaba con cinco postas (2).</p>
<figure id="attachment_131762" aria-describedby="caption-attachment-131762" style="width: 696px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-131762 size-large" src="https://www.diarioel9dejulio.com.ar/wp-content/uploads/2021/10/la-posta-2-1024x562.jpg" alt="" width="696" height="382" /><figcaption id="caption-attachment-131762" class="wp-caption-text">«La Posta», obra de Juan León Palliere. Litografía impresa por Pelvilain. Samuel Haigh, Bosquejos de Buenos Aires, Chile y Perú. Esta posta se asemeja a las existentes en el interior del Partido de 9 de Julio. En ellas las mensajerías podían efectuar el cambio de caballos, en tramos de su recorrido.</figcaption></figure>
<p><strong>EL SERVICIO POSTAL</strong><br />
El 24 de agosto de 1876, Eladio Díaz firmó un “Contrato para la conducción de la correspondencia por Mensajerías de correo en la línea de Chivilcoy a Bragado, Nueve de Julio y Fuerte General Paz” con el Director General de Correos. Por entonces, desempeñaba ese cargo, Eduardo Olivera (1827-1910), eficientísimo funcionario, que logró reorganizar esa repartición.<br />
De acuerdo con ese documento, “La Protegida del 9 de Julio” debía conducir la correspondencia desde Chivilcoy hasta el Fuerte “General Paz”, pasando por Bragado y 9 de Julio, realizando quince viajes hasta el último y siete hasta el Fuerte.<br />
La Dirección General de Correos, por única remuneración por este servicio, les entregada “dos pasajes de ida y vuelta cada dos días en el Ferrocarril hasta Chivilcoy”. Este pago debió ser nada despreciable, si se tiene en cuenta las ventajas que tenía para los empresarios disponer de pasajes por ferrocarril hasta Buenos Aires.<br />
La correspondencia debía conducirse en un compartimento especial que tenía el carruaje sobre la tolda, con llave; y era especial exigencia de la Dirección de Correos que los viajes no excedan de las seis horas, “el tiempo que se invierta en recorrer la línea, cuya distancia se estima en 32 leguas”. Es decir, las seis horas refiere a la duración de tiempo entre un pueblo y otro, siendo de dieciocho horas la totalidad de la línea (3).</p>
<figure id="attachment_131763" aria-describedby="caption-attachment-131763" style="width: 262px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-131763" src="https://www.diarioel9dejulio.com.ar/wp-content/uploads/2021/10/eustaquio-diaz.jpg" alt="" width="262" height="277" /><figcaption id="caption-attachment-131763" class="wp-caption-text">Eustaquio Díaz.</figcaption></figure>
<p><strong>EL FINAL</strong><br />
En coincidencia con lo afirmado primero por Buenaventura N. Vita (4), el historiador Henry Aznar también asegura que, para 1889, esta mensajería había dejado de funcionar (5). La extensión de las líneas férreas a los pueblos recientemente creados, coadyuvó para que las galeras, aquellos grandes carruajes que habían trazado una larga historia por los caminos del interior bonaerense, dejen de circular para siempre.</p>
<p><strong>NOTAS</strong><br />
(1) BUENAVENTURA N. VITA, <em>Crónica Vecinal de Nueve de Julio. 1863-1900</em>, original mecanógrafo inédito de una versión primitiva de esta obra, la única que se conoce completa, circa 1930, que se conserva en el Centro Cultural, Archivo y Museo Histórico “General Julio de Vedia” de 9 de Julio.<br />
(2) <em>Censo General de la Provincia de Buenos Aires. Demográfico, agrícola, industrial, comercial&#8230; verificado el 9 de octubre de 1881&#8230;</em>, Buenos Aires, Imprenta de El Diario, 1883, pág. 98.<br />
(3) <em>Anuario de Correos de la República Argentina presentado al Exmo. Gobierno Nacional por el Director General del Ramo</em>, Segunda Serie, N° 2, Buenos Aires, Imprenta a vapor de El Tribuno, 1876, pág. 78 s.<br />
(4) HENRY AZNAR, <em>Historia de la Sociedad Española de Socorros Mutuos de Nueve de Julio</em>, 9 de Julio, Sociedad Española, 1982, pág. 15.</p>
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		<title>La destitución del Intendente Adolfo Poratti. Un brusco retorno a casa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 10 Oct 2021 20:10:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historias de vida]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Héctor José Iaconis. Existen individuos que, aún carentes de las cualidades necesarias para el ejercicio de la función pública, persisten en el intento por competir en las urnas, o fuera de ellas, con tal de lograr su obstinado cometido. Sobrados ejemplos hay en la historia política nuevejuliense más remota y, desde luego, también en [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="size-thumbnail wp-image-111423 alignleft" src="https://www.diarioel9dejulio.com.ar/wp-content/uploads/2020/07/HECTOR-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" />Por Héctor José Iaconis.<br />
Existen individuos que, aún carentes de las cualidades necesarias para el ejercicio de la función pública, persisten en el intento por competir en las urnas, o fuera de ellas, con tal de lograr su obstinado cometido. Sobrados ejemplos hay en la historia política nuevejuliense más remota y, desde luego, también en la historia reciente.<br />
En 1960 ocurrió un hecho singularísimo: en el contexto de una gestión municipal en período democrático, un intendente municipal fue destituido de sus funciones por el Concejo Deliberante.</p>
<p><strong>LA UNION VECINAL</strong><br />
El gobierno de la Revolución de 1955 había convocado a elecciones generales para 1958, proscribiendo de las mismas al Partido Peronista.<br />
Los comicios se celebraron el 23 de febrero de 1958, ocasión en la que fue elegido como intendente municipal del Partido de 9 de Julio, Adolfo R. Poratti, quien había conformado la denominada “Unión Vecinal”.<br />
Sobre Poratti pesaba, por así decirlo, el prestigioso nombre de su padre, Ramón N. Poratti, eximio hombre público que también había desempeñado con acierto la función de intendente municipal. Asimismo, Adolfo, había estado al frente del Poder Ejecutivo municipal durante unos meses, como comisionado, en 1945.<br />
El flamante intendente asumió el 1° de mayo de 1958. Con él también lo hicieron los nueve ediles de su agrupación: Miguel A.S Muratore, Ruperto C. Bottini, Federico C. Barroso, Mateo Mesquida, Miguel O. Citro, Juan Carlos Dottori, Gabriel Roger, Mateo José Podestá y Alberto Celloto.<br />
Otras dos fuerzas políticas habían logrado bancas para sus concejales: la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), de la cual ingresaron cinco miembros (Adolfo Echeverría, el doctor Ernesto Báncora, Reinaldo Culaciatti, Adolfo González y Lorenzo Pastorino) y la Unión Cívica Radical del Pueblo, en minoría, ingresó cuatro ediles (el escribano Santos Abel de la Plaza, Adolfo Raíces, Juan C. Rolando y Raúl Righetti).</p>
<figure id="attachment_131442" aria-describedby="caption-attachment-131442" style="width: 461px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-131442 size-full" src="https://www.diarioel9dejulio.com.ar/wp-content/uploads/2021/10/Boleta-Union-Vecinal.jpg" alt="" width="461" height="712" /><figcaption id="caption-attachment-131442" class="wp-caption-text">Boleta 27, de la &#8220;Unión Vecinal del Partido de Nueve de Julio&#8221;. Con ella, Adolfo R. Poratti, se presentó en los comicios del 23 de febrero de 1958 y ganó la intendencia municipal.</figcaption></figure>
<p><strong>UNA GESTION BREVE</strong><br />
Para 1960 la gestión municipal de Adolfo Poratti había acumulado tal sumatoria de desaciertos que, poco a poco, fue perdiendo la confianza no solamente en el Concejo Deliberante sino también de los vecinos.<br />
A mediados de 1959, el concejal Mateo Podestá, quien disentía frecuentemente con Poratti se había separado del bloque oficialista para conformar uno personal, la Unión Vecinal Independiente. Más aún, por discrepancias con el intendente, otro hombre de su confianza, Miguel Muratore (segundo en la lista de candidatos) había intentado renunciar a la concejalía.<br />
Con el rechazo a las rendiciones de cuentas presentadas y la obstrucción a algunos proyectos que prendía llevar adelante, le demostraban a Poratti que, el Departamento Deliberativo, poco a poco le iba quitando su apoyo.<br />
Motivo de escándalo fue, sin dudas, el disparatado intento por designar a un edil de su entorno como funcionario municipal, manteniendo simultaneidad y, claro está, cobrando un salario por el segundo. La cuestión del Matadero Municipal, en cuya administración se presentaban anomalías, era otro tema que el Concejo reclamaba al intendente, sin que éste, al parecer, hiciera oídos.<br />
Tras los comicios de marzo de 1960 se sumaron nuevos concejales, quitando poder al influjo oficialista que había asumido un par de años antes.</p>
<p><strong>LA DENUNCIA DE LA PRENSA</strong><br />
A mediados de 1960, el Diario EL 9 DE JULIO, se hizo eco de una preocupación que circulaba en la sociedad, respecto de la deplorable labor municipal de Adolfo Poratti.<br />
En un llamado al Concejo Deliberante a “extremar su celo”, denunciaba los “descuidos en el manejo y en la percepción de sus rentas, lo que se refleja[ba] en el incumplimiento de sus compromisos de pago, ya sea al personal o servicios, tales como los de la electricidad y otros”.<br />
Otro aspecto que la prensa revelaba era la falta de seguimiento y control de las licitaciones de obras otorgadas y ejecutadas, acerca del cual también circulaban comentarios desfavorables.<br />
Más aún, quienes estaban al tanto de cuanto sucedía puertas adentro de la Municipalidad, hablaban de evasiones e irregularidades por varios cientos de miles de pesos.</p>
<p><strong>LA ACUSACIONES DEL H.C.D.</strong><br />
El 12 de julio de 1960 fue integrada una Comisión Investigadora, designada por el Concejo Deliberante. Cada uno de sus miembros representaba a uno de los bloques: Ernesto Báncora (UCRI), Otto Rafael Adobato (UCRP), Gilberto Aguilar (Partido Conservador), Miguel Muratore (Unión Vecinal) y Mateo Podestá (Unión Vecinal Independiente) . La misma debía estudiar la gestión del Departamento Ejecutivo y, ardua tarea, poner a la luz las falencias de la misma, a pesar de los obstáculos que hallaría por parte del intendente.<br />
El exhaustivo informe elaborado por la Comisión destacó nueve tópicos suficientemente probados:<br />
<em>1º) Falta de repuesta a reiterados pedidos de informes acerca de la suspensión injustificada de un empleado.</em><br />
<em>2º) Incumplimiento de las ordenanzas sobre estabilidad y escalafón. </em><br />
<em>3º) Falta de reglamentación de ordenanzas sancionadas por el Concejo Deliberante. </em><br />
<em>4º) Falta de cobrabilidad en los impuestos municipales. Algunas empresas, dedicadas al faenamiento de hacienda a gran escala, que debían pagar de forma anticipada, llegaron a deber el equivalente a varios millones de pesos, trasladados a la moneda actual.</em><br />
<em>5º) Trato preferencial, discriminatorio y desigual, en el cobro de impuestos a faenadores de haciendas. </em><br />
<em>6º) Falta de cobrabilidad en las multas por infracción e incumplimiento de ordenanzas. </em><br />
<em>7º) Por suministro de servicios sin cobro de derechos. Aquí la acusación gravaba sobre la utilización de cámaras frigoríficas por dos matarifes. </em><br />
<em>8º) Por la existencia de comercios sin habilitación municipal. </em><br />
<em>9º) Anormal rendimiento de cuentas y presuntas irregularidades en la Delegación de Morea.</em><br />
En este abanico de defraudaciones o malversaciones, había una permanente insistencia en la cuestión de la carne, el Matadero y la relación de la Municipalidad con los matarifes.<br />
Poco más tarde, la Comisión Investigadora agregará otras anormalidades encontradas: la enajenación de bienes municipales sin la autorización del Concejo Deliberante; la falta de imputación de deudas de caminos; el incumplimiento de cláusulas determinadas en contratos vigentes y obras inconclusas; la designación en cargos públicos a personas inhabilitadas para el ejercicio de los mismos (la terquedad del intendente sobrepasaba los límites de la legalidad) y la cancelación de un importe a un contratista por el valor inferior al que figuraba en la orden de pago, entre otros.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-131436" src="https://www.diarioel9dejulio.com.ar/wp-content/uploads/2021/10/adolfo-poratti.jpg" alt="" width="804" height="510" /></p>
<p><strong>LA CARNICERÍA</strong><br />
La Comisión Investigadora había llegado a detectar la existencia de una carnicería, ubicada en la esquina de la avenida San Martín y Santa Fe. Concerniente a ella, aludía el punto octavo de la lista de acusaciones.<br />
No solamente, este comercio, carecía de habilitación, sino que además no pagaba impuestos y no podía determinarse la identidad de su propietario. Por si fuera poco, la aludida carnicería, era atendida por personal municipal.</p>
<p><strong>LA SUSPENSIÓN DEL INTENDENTE Y EL “CAMINO FANTASMA”</strong><br />
La enumeración de estos cargos, permitió al Concejo Deliberante aplicar una suspensión de su cargo al intendente Poratti, la cual fue ordenada en la sesión del 26 de julio de 1960. Ante las acusaciones de la Comisión Investigadora el intendente había reaccionado rechazándolas.<br />
Naturalmente, el intendente Poratti se negó a acatar la suspensión que le había aplicado el Concejo Deliberante.<br />
A esta altura, la gestión municipal había cosechado un total desprestigio. En un clima de tensión, el intendente se encaramó en el cargo y, lejos de procurar resolver los muchos problemas que se le iban suscitando a diario, se preocupó por agudizar el estado de tensión que mantenía con el Concejo Deliberante.<br />
Al salir a la luz la situación, por todos conocida, del “Camino Fantasma” (el acceso a la localidad de La Niña, obra que quedó inconclusa por el desvío fraudulento de los fondos), Poratti terminó procesado, junto al tesorero municipal y a un funcionario provincial.</p>
<p><strong>“JAQUE MATE” Y “CHAU PICHO…”</strong><br />
A pesar de las rogativas de Poratti, la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires, falló favorablemente a las disposiciones del Concejo Deliberante, referidas a la aplicación de la suspensión. En consecuencia, el 19 de octubre de 1960, ante el escarnio popular, debió entregar el gobierno comunal en manos del concejal Miguel Muratore.<br />
Tras ello, el Concejo Deliberante aprobó un pedido de destitución definitiva del intendente suspendido.<br />
Estos acontecimientos echaron por tierra cualquier aspiración futura de Poratti a ejercer otro cargo público, conminándolo a retornar a la vida privada y a la práctica del ajedrez, sobre cuyo juego se jactaba de ser buen contrincante.<br />
Su popular expresión, “Chau picho”, vulgar epílogo con que solía rematar sus discursos, quizá estuvo en el pensamiento de más de un nuevejuliense, en aquella jornada de octubre del ’60, al verle abandonar estrepitosamente el despacho oficial del intendente que, por veintiocho meses, había sido suyo.</p>
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		<title>David Perelli. Mentor, ideólogo e impulsor de una gran obra</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 03 Oct 2021 21:00:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historias de vida]]></category>
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					<description><![CDATA[* Persona agradable, culta y de una notable instrucción, aun hoy es recordado por quienes le conocieron, como un ser excepcionalmente bueno. * Fue el gran impulsor de la Asociación de Bomberos Voluntarios 9 de Julio, institución por la que trabajó denodadamente. * Vinculado al Partido Socialista, abrazó sus ideales y estuvo permanentemente atento a [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>* Persona agradable, culta y de una notable instrucción, aun hoy es recordado por quienes le conocieron, como un ser excepcionalmente bueno. </em><br />
<em>* Fue el gran impulsor de la Asociación de Bomberos Voluntarios 9 de Julio, institución por la que trabajó denodadamente. </em><br />
<em>* Vinculado al Partido Socialista, abrazó sus ideales y estuvo permanentemente atento a las necesidades de sus semejantes. </em><br />
<em>* Días pasados, Bomberos Voluntarios celebró el 75° aniversarios de su fundación, por ello, es propicio evocar a este vecino altruista, cuyas virtudes y hombría de bien le distinguieron y, hoy, son un legado para nuestro tiempo.</em></p>
<p>Es asombroso advertir cómo se encadenan de manera admirable los hechos en el devenir del tiempo. Hay acontecimientos del presente que se vinculan y nos conectan de manera inmediata con el pasado o con los protagonistas de otros momentos de nuestra historia.<br />
Los acontecimientos relacionados con la vida institucional de la Asociación de Bomberos Voluntarios de 9 de Julio forman parte de la historia de la comunidad. Hace pocos días atrás, la entidad celebraba su 75º aniversario –festejos que debieron postergarse por el contexto de pandemia- y, entre los nombres de sus fundadores, surge de manera inmediata el de don David Perelli.<br />
En efecto, se trata de una de las figuras que está ligada más profundamente a los orígenes de la institución. Fue el alma máter, ideólogo e impulsor de esta gran obra. Contagió su dinamismo y entusiasmo a sus vecinos, quienes no dudaron en acompañarle.<br />
Había nacido en Buenos Aires el 11 de febrero de 1885, en un hogar de inmigrantes italianos. Su familia la completaba un hermano mayor, llamado Constante.<br />
En el año 1902 su familia se radicó en la zona rural del Partido 9 de Julio.<br />
En 1909, luego de contraer matrimonio, se afincó definitivamente en la ciudad. Había aprendido el oficio de zapatero y, en razón de ello, instaló un taller de reparación de calzado en su casa, ubicada en la avenida Río Bermejo (hoy Antonio Aita) entre Río Negro (Cardenal Pironio) y Adolfo Alsina.</p>
<figure id="attachment_131161" aria-describedby="caption-attachment-131161" style="width: 696px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-131161 size-large" src="https://www.diarioel9dejulio.com.ar/wp-content/uploads/2021/10/David-Perelli-3-1024x768.jpg" alt="" width="696" height="522" /><figcaption id="caption-attachment-131161" class="wp-caption-text">David Perelli.</figcaption></figure>
<p><strong>I. UNA PERSONALIDAD RICA EN VIRTUDES</strong><br />
Don David era una persona agradable, culta y de una notable instrucción, lograda a partir de su afán por la lectura. Conocedor de los sucesos de su tiempo, siempre estaba al tanto de todo lo que ocurría en el mundo.<br />
Poseía una biblioteca muy rica, la cual también contribuyó a su formación personal. Tenía muchos amigos y personas que no apreciaba, por su trato amable y su voluntad de ayuda a todo aquel que se lo solicitaba.<br />
Siempre estaba atento a las necesidades y preocupaciones de sus semejantes. Como exponente de su generación, fue un hombre que supo hacer culto de la amistad, de la palabra dada y de la defensa de los ideales y del bien común.</p>
<p><strong>II. EN EL PARTIDO SOCIALISTA Y EN LAS INSTITUCIONES</strong><br />
Desde joven, David Perelli, adhirió a los ideales del socialismo. En 9 de Julio integró las filas del Centro Socialista local y, en varias ocasiones, integró en las listas de candidatos en distintos comicios. De hecho, entre sus papeles personales se conservaba correspondencia con el doctor Alfredo Palacios, así como también con otros dirigentes socialistas de la época.<br />
Con gran dinamismo y pasión se brindó con honestidad y dedicación a muchas instituciones sociales y de bien público, en esta ciudad, cuyas comisiones integró. Colaboró, asimismo, en la construcción de la Plaza Italia, en el lugar donde actualmente se encuentra.</p>
<p><strong>III. LA FUNDACIÓN DE BOMBEROS VOLUNTARIOS</strong><br />
Don David Perelli fue el principal mentor en la fundación de la asociación de bomberos voluntarios.<br />
En 1945 se produjo un incendio en la casa de la familia Lagomarsino, ubicada en la Avenida Vedia entre Avellaneda y Sarmiento. Don David, que en esos momentos se encontraba en casa de una de sus hijas, cerca de ese lugar, fue avisado por una de sus nietas del siniestro que se había desatado. De inmediato tomó dos baldes con agua y salió rápidamente a colaborar con otros vecinos para sofocar las llamas.<br />
A partir de entonces surgió la idea, ante la notoria demanda, de crear un cuerpo de bomberos voluntarios. Perelli fue el principal motor que impulsó, junto con otros vecinos, la creación de esta entidad, cuya primera comisión directiva provisoria se formó el 10 de julio de 1946.<br />
Don David, que ocupó el cargo de vocal, fue quien propuso los nombres para la conformación de la comisión definitiva. Fue el primer cuartelero de la Asociación de Bomberos Voluntarios, cuando la sede se encontraba ubicada en la Avenida Vedia entre La Rioja y San Luis (hoy Cavallari), donde se había instalado en mayo de 1948.<br />
Desde su fundación, junto al secretario rentado, prestó una gran colaboración en los momentos constitutivos, para la obtención de la personalidad jurídica y para las gestiones iniciales. Lo hizo acompañando a los dos primeros presidentes de la flamante organización, Serafín Spina y Carlos Tacchi, a quienes le unía no solamente la amistad sino también los ideales políticos.<br />
En aquellos días, el 22 de agosto de 1947, el comisionado municipal Germán Camou había donado a los bomberos un tanque y un chasis Chevrolet, modelo 1928, que fue una de las primeras unidades con las que contaron.</p>
<p><strong>IV. SU FALLECIMIENTO Y SU RECUERDO</strong><br />
La salud de David Perelli se fue deteriorando, víctima de una prolongada y grave dolencia. Su vida se apagó el 6 de noviembre de 1951.<br />
Su fallecimiento produjo una gran congoja en los vecinos de la comunidad, entre los muchos amigos que había cosechado a través de una vida honorable.<br />
En la despedida de sus restos, la Asociación de Bomberos Voluntarios le rindió un especial homenaje. Durante el sepelio, los bomberos vistieron uniforme de gala y le cupo a esta institución encargarse del sepulcro donde descansa, en el cementerio local.<br />
En octubre de 1954 la comisión directiva de Bomberos de 9 de Julio le impuso su nombre al cuartel. Desde entonces, una placa que se encuentra ubicada en la fachada de ese edificio, lo recuerda.</p>
<p><strong>V. SU FAMILIA</strong><br />
Había contraído matrimonio con una joven italiana, proveniente de Génova, llamada Juana María Bonoldi. De esa unión nacieron tres hijas: Clorilde Francisca, Clorinda Pascuala y Amelia Josefina.<br />
Asimismo, era abuelo de Zunilda, Olga y Mabel Sist-Perelli.<br />
En nuestros días viven en 9 de Julio muchos descendientes de don David.</p>
<p><strong>VI. PALABRAS FINALES</strong><br />
Un día después de su muerte, EL 9 DE JULIO, escribió: «Cuando en la madrugada de ayer, el alba se encendía trayendo a renovadas esperanzas, se pagaba la vida de una figura típica de nuestro medio, don David Perelli, hombre querido en nuestro medio, donde tenía un por núcleo de verdaderos amigos».<br />
«Don David -prosigue el obituario- fue desde su juventud militante del socialismo, partido al que actualmente se mantenía fiel. No estuvo ajeno a las inquietudes pendientes, es así como lo vimos trabajar en favor de la fundación del Cuerpo de Bomberos, institución a la que prestaba en estos momentos decidido apoyo».<br />
Esas palabras son algo así como una síntesis de su vida. La distancia en el tiempo no nos impide valorar la dimensión de una personalidad tan notable.</p>
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